Viajes

Escapada a Chauen 💙 La ciudad azul de Marruecos

septiembre 27, 2017


Chauen, también llamada Xauen o Chefchauen está situada en el noroeste de Marruecos, en las estribaciones de las montañas del Rif, cerca de Tetuán. El nombre Accawen significa en rifeño "Los cuernos", en referencia a los dos picos visibles desde la ciudad. Está considerada la ciudad más bonita del país, y es que las callejuelas de la Medina, todas pintadas de azul ofrecen una vista increíble a quienes pasean por la Medina. Las mujeres son las encargadas de pintar las calles de su característico color azul y la razón de que sea de este color parece ser que es para ahuyentar a los insectos, pero también garantiza una buena temperatura en el interior de las casas.

La ciudad fue fundada en 1471 en el emplazamiento de una pequeña población bereber. Su población original estuvo compuesta sobre todo por exiliados de al-Ándalus, tanto musulmanes como judíos, razón por la cual la parte antigua de la ciudad tiene una apariencia muy similar a la de los pueblos andaluces, con pequeñas callejuelas de trazado irregular y casas encaladas. El parecido no es casual. Se dice que Ali Ben Rachid lo hizo parecer a propósito a un pueblo andaluz para dar el gusto a su esposa Lalla Zahra, noble española convertida al Islam, a quien había prometido que Chauen se parecería a su ciudad natal.

Chauen fue durante siglos una ciudad considerada sagrada, donde se prohibía la entrada a los extranjeros. Por esta razón se ha mantenido con pocas alteraciones toda su fisonomía medieval. Fueron las tropas españolas las que abrieron Chauen al tomar el control de toda la zona norte del actual Marruecos para instaurar el protectorado concedido por la Conferencia de Algeciras (1906) y definido por el tratado hispano-francés de 1912. Cuando los españoles llegaron, la ciudad tenía una importante población judía sefardí que hablaba judeoespañol.


El viaje a Marruecos ha sido un regalo de mi chico por mi cumpleaños. Algo original y diferente que no olvidaré nunca. Si hacía un par de meses en mi viaje a Portugal os contaba que era la primera vez que salía de España. Esta vez era la primera vez que lo hacía fuera de la unión europea... y además volviendo a subir al gran pájaro de hierro que tanto miedo me daba. Ahora ni miedos, ni limitaciones. Estaba tan emocionada y tenía tantas ganas de hacer este viaje que ha sido todo, desde el minuto uno, maravilloso.

Pensamos en ir en ferry desde Tarifa, pero barajamos la posibilidad del avión y era, además de más económico, mas corto el camino a Madrid que a Tarifa, desde Cartagena. Así que pusimos rumbo al aeropuerto para coger el avión que nos llevaría en apenas una hora a Tanger. Volamos con Ryanair y lo hicimos los dos por 96€ ida y vuelta.


En general no hemos tenido problema con la gente, no nos han intentado timar, ni robar, ni nada de nada... bueno, exceptuando el primer contacto con el país, el taxista que pillamos al salir del aeropuerto quiso hacerse el listo. De allí a Tanger son 100 dirham, además es que lo pone en el propio aeropuerto y el tío nos pedía 150. Le dijimos que no, nos dimos la vuelta y fue el quien bajó el precio y se ofreció a llevarnos. Esa es la táctica allí, hacerte el desentendido y decirles que no dándote al vuelta y ellos mismos bajarán el precio.

Llegamos a Tanger en un Mercedes destartalado y nos dejó en la parada de autobuses de la ciudad. Allí además de los autobuses están los taxis y colectivos. Coches donde pagas por adelantado una cantidad estipulada por asiento y compartiendo vehículo con más personas te llevan a donde lo necesites.


Pero antes decidimos ir a comer y fuimos a un restaurante cercano a la estación, a unas dos manzanas donde nos pusieron un plato de cuscús del que podría alimentarse un regimiento. El Nagi es un lugar para gente de allí donde nos trataron estupendamente y donde probamos por primera vez el que sería el plato estrella del viaje. La Harira (sopa marroquí) con verduras, fideos, garbanzos y especias, estaba para chuparse los dedos. Allí también probamos el primer té moruno, donde como veréis en el vídeo, nos lo sirvieron con esa maestría. Como soy diabética lo pedí sin azúcar y nos pusieron una tetera a cada uno. Este gesto de servirme a mi un te especial fue continuo y todo el mundo lo aceptó de buen grado, cosa que me gustó. La amabilidad de la gente ha sido increíble en todo momento.


Volvimos a la estación y nos probamos en ir en autobús... mala idea. La estación era un hervidero de buscavidas y si bien esto sucede en todas las ciudades, aquí llamaba la atención el que no hubiese ninguna mujer. Quizá esta fue la única nota de contacto algo desagradable de todo el viaje. No nos hicieron caso en ninguna ventanilla, dejando claro que querían que acabásemos pagando de más a alguien porque nos llevase. Así que desistimos y nos fuimos en uno de los colectivos que mencionaba antes. Por 70dha (unos 7€) cada uno, viajamos 6 personas en una furgoneta bastante moderna, con gente de allí hasta Chauen. Dos horas de camino que transcurre desde Tanger a Tetuan por una carretera excelente alrededor de una hora, para pasar a una Highway to Hell hasta llegar a Chauen la hora restante.

El taxi o colectivo nos dejó a las afueras de la Medina y ya un poco por intuición nos metimos en sus peculiares calles hasta llegar a la plaza plaza de Uta el Hamam es el epicentro de la ciudad de Chauen, la mayor plaza de la Medina. A tan solo 20 metros de la plaza estaba nuestro hotel, el Dar Mounir... pero nos perdimos como siete veces antes de encontrarlo. Las calles son estrechas y laberínticas y en un primer momento cuesta bastante hubicarse. Al final lo encontramos. Un edificio en pleno centro de la Medina con la arquitectura clásica de la ciudad nos acogió los tres días que estuvimos en Chauen. Un hotel modelo Aladdin, como decía mi chico, hizo las delicias de mi lado mas cuqui y fue todo súper de princesa jeje.


Y hablando de Aladdin, esa noche, que era la primera en la ciudad y la noche de mi cumpleaños, decidimos ir al restaurante Aladdin. En plena plaza de la Medina, las críticas decían que era precioso y a pesar de que sabíamos que también era hiper turístico pensamos ir a cenar... y que mala experiencia. El restaurante Aladdín tenía su propio Jaffar (el malo) y este era el servicio. Después de un rato sentados y de nadie nos hiciera ni puñetero caso acabamos por levantarnos e irnos a cenar a otro sitio.
El primer día que ya llegamos casi de noche fue justo para tomar un té, que nos ofrecieran grifa como en veinte ocasiones, cenar y acostarnos... que nos esperaba un largo día.


Nos levantamos y desayunamos en la terraza del hotel. Creppes, queso, aguamiel... un majar con unas vistas increíbles para coger fuerzas y empezar el día.


Ahinnsss los gatetes me volvían loca. La ciudad está llena de ellos, allí campan a sus anchas, son súper sociales y es que viven entre la gente, duermen en las sillas de las terrazas de la plaza, están tranquilamente por la Medina... es el paraíso de toda loca de los gatos.


Fuimos a visitar la Alcazaba (o Kasbah) que era la fortaleza de la ciudad. Aun se mantiene en pie su alta torre cuadrangular que domina la plaza y la Medina. Al otro lado, la Gran Mezquita de Chauen se levanta esbelta, su forma octogonal es característica puesto que no es la forma común de este tipo de edificios.
Aprendimos mucho sobre la historia de la ciudad y por tan solo 10dha no lo podéis perder si visitáis Chauen. Al cambio esto es menos de un euro. La moneda no es difícil de manejar porque aproximadamente es 1€ = 10dha




Paseamos por el bazar y recorrimos la Medina durante todo el día. Admirando sus colores y el bullicio del día a día. Caminamos, probamos sus zumos naturales y comimos por apenas 9€ los dos, en un lugar donde iban los autóctonos a comer.





Y si el bazar y la arquitectura es increíble, con sus calles de colores, sus olores especiados y el bullicio propio del día de mercado. La artesanía era maravillosa. Nos perdimos por sus calles y vimos como trabajaban y vendían los pigmentos, las especias, el cuero y como tejían en los telares.


Esto fue quizá lo que mas me llamó la atención y una de las pocas cosas que compré fue una manta tejida a manos por un telar que su propio dueño nos dijo que había sido traído del reino Andalusí... ver esa rudimentaria herramienta de madera viejísima donde aun siguen tejiendo y saber que tiene cientos de años te hace pensar. Posiblemente casi medio milenio tejiendo lana, algodón y lino que venden a un precio para nosotros increíble. 100dha (unos 10€) me costó la manta en tonos rosa y morado clarito que me traje a casa.


Por la tarde fuimos a los lavaderos. Un lugar concurrido donde van tanto las mujeres a lavar como la gente de los alrededores a socializar... y es que con unas cascadas de agua fresquita del río, puedes tomarte un zumo natural sentado en el cauce, con los pies a remojo y rodeados de patos gente en su día a día y naturaleza.

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Hicimos algunas compras y decidimos esa noche ir a cenar a Casa Hassan. Las críticas de este lugar decían que la comida era increíble y no fallaron. La comida, el lugar, la atención... todo fue exquisito. Por decirlo de alguna manera este lugar es el restaurante elegante y caro de la ciudad. Hablando claro de la equivalencia económica del resto de locales. El precio de una cena estupenda con postre y té fueron unos 22€


Esa noche, que no íbamos tan cansados como la anterior del viaje, nos sorprendió la llamada al rezo a las 5:30 de la mañana. Esto es peculiar y es lo que te hace ser consciente del lugar en el que te encuentras porque durante el día mientras estás en la plaza, puedes ver a los musulmanes practicantes ir a la mezquita cuando los llaman. Pero claro, cuando empieza a escucharse a esas horas intempestivas...


A la mañana siguiente el desayuno lo tomamos en la plaza. Lo compartimos con las abejas, que no veas como están de gordas y hermosas. Dicen que las abejas son las primeras en desaparecer cuando hay contaminación... allí desde luego no. Cuando te pones a tomar mermelada y miel acuden raudas a ponerse hasta las patas de dulce.
Reservamos el último día para visitar el parque natural de Talassemtane. Compartimos taxi hasta llegar al pueblo donde se asienta este paraje natural. Una hora de camino infernal siete personas en un mercedes con más años que yo y por una carretera rodeada de plantaciones de marihuana. Porque allí, legal o ilegal todo el mundo te ofrece para fumar e incluso si quieres ir a ver las plantaciones. Nosotros no fumamos pero el olor y el aspecto tan característico de estas plantas es inconfundible.


El chico del hotel Mohamed, un tío genial, nos explicó varias cosas sobre la visita a Akchour, la distancia, el camino y lo que había plantado por el camino... una mera curiosidad más de las muchas que nos encontramos en este viaje.


Hay dos cosas que visitar en esta montaña perteneciente a la Cordillera del Rif. El puente de dios o la gran catarata. Decidimos visitar esta última. Unas dos horas de camino por la montaña que se hicieron bastante cuesta arriba pero que fueron compensadas con creces por sus paisajes.


A lo largo de toda la rivera del río te vas encontrando pozas naturales, riachuelos y cascadas. Merenderos donde cocinaban los tradicionales tajines en plena naturaleza y donde la gente de allí pasaba el día con familia y amigos.


La verdad es que pocos extranjeros se veían caminando por esas sendas. Mucho turismo nacional y mucha naturaleza en estado puro es lo único que encontrabas durante las horas que duró el camino hasta llegar a la gran cascada de Akchour. Un paisaje increíble que me sobrecogió y que ha merecido la pena todo el cansancio y las agujetas.


Volvimos a Chauen por esa carretera infernal durante una hora, pero esta vez sí, pagamos los cuatro asientos de la parte trasera (unos 10€ en total) para ir cómodos. El encargado de organizar los colectivos nos trataba como reyes...

La última noche en Chauen, la de la nostalgia, la pasamos tranquilos tomando té en la plaza porque temprano por la mañana teníamos que salir dirección Tanger al aeropuerto.


Hasta el último momento todo el mundo nos trató con amabilidad. Nos desearon buen viaje y nos llevamos por encima de todo, el buen hacer de sus gentes.
Para mí ha sido toda una experiencia. Las diferencias culturales, sus costumbres, la humildad con la que viven nuestros vecinos del sur y el cariño que le tienen a España me ha hecho darme cuenta de la cantidad de prejuicios que tenemos como sociedad y de lo poco que valoramos lo que tenemos...

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