Divagaciones

Por qué todas las portadas de libros parecen iguales 📕

septiembre 01, 2017

He vuelto a rescatar una publicación del que fue mi blog de diseño (ahora portfolio) y he pensado que antes de que se quede en el olvido, mejor ponerla por aquí... además esta publicación fue muy comentada en su día.
Aclarar que esto tiene ya varios años y el tema del que se trata son opiniones de octubre de 2014.

La autora Helen C. Rogue me hacía llegar un enlace del periódico El País con un artículo con este título. En el, un ex editor habla del desconcierto y la falta de acierto de hoy en día respecto al aspecto visual de las obras escritas. En el se comentan muchos puntos y se divaga sobre el tema con afirmaciones y alguna que otra suposición.
Yo, desde el punto de vista de una humilde e independiente diseñadora quiero dar mi opinión y mi visión al respecto. Citaré las diferentes exposiciones de este artículo y expondré mi visión.

La portada es el saludo de los libros, su "hola, ¿qué tal?, ¿quieres llevarme a casa?". Muchos intentan destacar llamando la atención, gritando más que el resto, mientras que otros prefieren la sobriedad, que se les juzgue por su interior. Y hay un tercer grupo cuya estrategia consiste en imitar a otros.
Imagino que estos casos se darán en una gran editorial en la que hasta en el trabajo del creativo predomina una campaña de ventas... Y cuantas más mejor. Yo no puedo amoldarme a ninguno de esos grupos ya que trabajo directamente para el cliente, y ya se sabe, el cliente siempre tiene la razón.

El objetivo es aprovechar un éxito anterior. O intentarlo. Se sigue un mismo estilo para dejar claro a los fans que van a encontrar más de lo mismo ya desde la portada. Ni lo hojees: ya sabes de qué va, mira el dibujo. "Cuando algo funciona, se busca imitarlo -nos explica un exeditor de un importante grupo editorial que prefiere que no se publique su nombre-. No sólo en las imágenes, que es lo primero que llama la atención, sino también en tipografías, colores y la posición de los elementos en la cubierta".
Así, cuando salió 50 sombras de Grey, "todo eran portadas con complementos masculinos", como nos recuerda Jónatan Rubio, de la librería El Tranvía.




En estos casos, "no hay nada que hacer" -sigue Rubio-. Si ha habido un éxito con la imagen lo suficientemente marcada, por ahí van a tirar todos". Es un recurso que a las editoriales les funciona "por asociación, para cuando alguien busca algo parecido a lo que ya ha leído. Los lectores no se van a confundir, pero sí que van a saber a qué se parece".
Es una manera nada sutil de insinuar que si estos libros te gustaron, estos otros, también. Por ejemplo, si estás disfrutando Divergente, es más que probable que lo hayas pasdo muy bien con Los juegos del hambre. O eso quieren decirnos sus portadas.



La evidencia en estos casos resulta aplastante, el problema es que como consumidores causa efecto y nos dejamos llevar. Al menos en mi caso y con Los juegos del hambre y Divergente. El problema viene cuando el efecto es justamente el contrario. En mi caso leí la trilogía Cincuenta sombras y nunca más volveré a tocar un libro en el que las portadas tengan estas características.
Esto es un arma de doble filo ya que seguramente tras las numerosas portadas con estos elementos que hay y siguen saliendo al mercado, habrá historias estupendas y que poco o nada tengan que ver con esta historia. ¿Qué sucede? Lo que se cita en el comentario. Que al verlo piensas. No hace falta ni que lo mire, ya se de que va.

Esto es un gran problema porque ya se está convirtiendo en una institución. A fin de cuentas el tema de las distopias juveniles las hay con diseños diferentes aunque en esta ocasión una venga a la zaga de la otra, mientras que en la temática erótica ya todo ha caído dentro del mismo saco.
Se ha convertido en una moda odiosa de la que, al parecer, no se puede hacer nada para salir. Y aquí llega mi punto de vista como diseñadora.

Yo trabajo directamente con el cliente y el cliente ya piensa de la misma manera cuadriculada en la que nos están abocando a pensar. Por poner un ejemplo os contaré de una autora que me pidió una portada. Le hice varios bocetos, todos diferentes pero ninguno quería hasta que me dijo algo que me dejó ojiplática.
«Es que yo quiero una portada como las de Cincuenta sombras.»
Casualmente había leído su libro y era una historia en la que ni siquiera había sexo explícito.
¿Qué sucede en estos casos? Que engañas al lector consciente o inconscientemente por dejarte llevar por una moda. El autor cree que todo lo que su obra pueda parecerse a una de éxito hará que la suya también lo tenga. Doy gracias a que todos no son así, pero haberlos... Los hay.

En casos así tengo dos opciones. Hacerlo y mostrar en mi portafolio una copia barata más, o no hacerlo... En este caso acabé rechazando el trabajo.

Aún así no negaré que tengo alguno de este tipo. Una trilogía erótica en la que se me dieron unas pautas concretas para hacer los diseños. Intenté innovar un poquito y darle "un toque " diferente, pero sin sacar los pies del tiesto.


El caso más sonado que recuerda Rubio es cuando Debolsillo lanzó sus portadas de Cumbres borrascosas y Orgullo y prejucio con un diseño similar a las de Crepúsculo, incluyendo el sello: "Los libros preferidos de Bella y Edward". Rozan casi la desesperación: ¡Te van a gustar! ¡Te lo juro! ¡La portada es negra! ¡No hay vampiros, pero hay pasiones tormentosas ocultas tras una elegante prosa victoriana!
Aunque hay que decir que Harper Teen hizo exactamente lo mismo. 


A esto es exactamente a lo que me refería cuando comentaba lo de la autora aquella que me pidió un sinsentido... No hay mas que decir, solo que es un intento desesperado por vender algo que no es. Sea mejor o peor el contenido estás intentando condicionar y engañar al cliente.

El caso de Crepúsculo es muy destacable: durante una época casi todos los libros sobre vampiros (y hubo muchos) se publicaron con una portada que jugaba con el negro, el rojo y el blanco. Por ejemplo, aquí podemos ver el primer volumen de las Crónicas Vampíricas de L. J. Smith con una portada siguiendo este estilo. Y al lado, tenemos otra edición del mismo libro con una cubierta que recuerda a los libros que inspiraron la serie True Blood. Pero es que la edición española de los libros de Charlaine Harris juegan a su vez con los colores de Crepúsculo. 


Aquí volvemos a lo mismo, al problema de las modas institucionalizadas cuando desde lo alto no hacen nada para solucionarlo, al contrario, lo incentivan más aún. En este caso los que estamos en contacto directo con el cliente además de ser usuarios y consumidores de la mercancía no podemos más que adaptarnos y dejarnos llevar. ¿Por qué? Porque cualquier otra cosa no vale, y no vale porque el lector, el cliente, ya ha creado un cliché del que no puede desconectar... Yo también tengo ejemplos de esto, y ejemplos del efecto contrario.


Esta es una clara muestra de a lo que me refiero. El primer libro es un diseño mío. El segundo es de la Editorial Vanir y el tercero es de DeBolsillo. Pues bien, todos son libros pertenecientes a series de temática romántica paranormal en la que aparecen vampiros, seres mitológicos, luchas ancestrales... etc. Si vas buscando exactamente eso. ¿A por cuál NO irías? Exacto, el tercero.
Si bien este es un claro ejemplo de innovar y romper con todo... ¿Por qué fue tan criticado entre los lectores?

Ahora el artículo toca una parte más que interesante y se explaya bastante en el tema. La repetición de elementos e imágenes en los diseños. Voy a mostrarlo resumido y expondré sobre el tema en lo tocante a mi experiencia.

Sin embargo, en ocasiones no hay ninguna intención de insinuar temas similares o tópicos recurrentes, sino que, simplemente, se utilizan imágenes idénticas para las portadas. Sin más.
Hay que comenzar mencionando un clásico que tanto Rubio como el exeditor recuerdan: el cuadro Habitación de hotel, de Edward Hopper


Esta situación puede suponer un problema cuando llegan a la tienda novedades con la misma portada, ya que puede llevar a que alguien se confunda: "A mucha gente le ayuda la parte visual -recuerda Rubio-, y no es sólo el clásico "no recuerdo el título, pero la portada es azul, o roja", sino que es el mismo cuadro".

Aunque la portada sea la misma, hay ocasiones en las que el contenido no tiene nada que ver y eso puede ayudar a que el lector desorientado y el librero confuso den finalmente con el libro. Pero cuando el tema es el mismo, resulta mucho más complicado.
A veces no se repite la imagen, pero sí se juega con elementos parecidos, como es el caso de los paraguas, que es muy probable que sean uno de los objetos favoritos de los diseñadores.



En cuanto al tema del cuadro (en el artículo nombra muchos mas) desde mi punto de vista no le veo lógica utilizar algo tan concreto y evidente si la novela no tiene una estrecha relación directa con dicha obra. A día de hoy no tengo ningún diseño de este tipo pero si me encargan un diseño para un libro en el que como argumento fundamental de la obra apareciese ese cuadro... Posiblemente lo utilizase.

Lo de los paraguas me ha hecho gracia... No, no tengo ningún diseño con ellos pero sí que me gusta (será una patología que tendremos que hacernos mirar) pero creo que esto se saca de contexto. En el artículo nombra una recopilación con un número determinado de portadas en las que aparecen paraguas, y yo me atrevería a decir que con los miles de millones de libros que hay en el mundo esto podría hacerse con cualquier otro elemento y podría hasta superar esa cifra. Una bicicleta, una ventana, una taza de café...etc. Con esto diré lo mismo que con el caso anterior, si en el diseño que tengo entre manos veo que un paraguas es la mejor opción, lo pondré.

Como nos explica el exeditor, estas coincidencias suelen venir de "la limitación de recursos, tiempo y material tanto de editores como de diseñadores". El tiempo y la sobrecarga de trabajo es una causa muy importante: "Los diseñadores no tienen tiempo de ir a exposiciones, de leer revistas, de buscar a gente nueva... Con lo que al final acaban utilizando los mismos materiales". Por supuesto, también influyen los menores presupuestos: "Las portadas han de ser más baratas y eso supone recurrir siempre a los mismos bancos de imágenes, lo que aún limita más".
Los bancos de imágenes incluyen en su mayor parte fotos genéricas que pueden servir para muchos usos: desde ilustrar un artículo hasta protagonizar la cubierta de un libro, pasando por aparecer en una web corporativa. Se trata de un recurso comparativamente barato y que bien utilizado puede funcionar, pero con el que siempre se corre el riesgo, como mínimo, de repetirse. Como en estos ejemplos que recogía The New York Times.


Bueno, aquí hay un punto importante a debatir. Hablando desde la suposición diré que seguramente los creativos que trabajan para grandes grupos editoriales estarán tan saturados de trabajo que, por decirlo de alguna manera "usan lo primero que pillan" para las portadas y ya está, diseño listo. No creo que sea la falta de recursos ni por supuesto de dinero lo que les lleve a esto. Aún así está claro que usar, si que usan las imágenes de estos bancos a los que todos recurrimos porque no hay novedad editorial que salga a la venta de la que previamente no haya visto ya la imagen. Las conozco todas e incluso alguna ya la había barajado para mis diseños.
El gran problema viene cuando dichas imágenes no es que las tenga en mente para algún trabajo, sino que ya las he utilizado. Yo por lo general me informo antes de usar alguna imagen, busco y busco... y sigo buscando toda información que esté en mi mano sobre la misma para que no me suceda que al entregar un trabajo la imagen ya esté previamente en otro de la misma índole. Es una tarea ardua y hay veces que es inevitable porque la misma imagen se ha usado para anunciar relojes, para una inmobiliaria o claro está, para otro libro.
Desgraciadamente debo reconocer que me ha pasado. Este es un ejemplo, el libro Contigo siempre amanece de Julia Zapata Rodrigo como veis hay otro con la misma imagen e incluso están publicados por la misma editorial.


Aún así por mi parte no puedo reprocharme el no haberme esforzado, y son muchos los bocetos "perfectos" que he descartado sin enseñar al cliente para que no suceda esto. La mayor frustración es cuando otros no hacen lo mismo que tu, o han tenido el mismo problema de no haber encontrado en esa investigación dicho diseño y te encuentras sorpresas desagradables para el creativo pero sobre todo para el cliente. Ellos no entienden como se da lugar a esto y tienes que explicarle detalladamente el funcionamiento de los proveedores de imágenes y el hecho de que estas no son exclusivas.

Me sucedió también con Inframundo, el tercer libro de la Trilogía de Melanie Alexander que unos meses después de salir a la venta vimos que este gran sello editorial publicaba un libro con la misma figura en su portada.


Esto no se puede evitar a veces, pero está llegando a tal punto que causa inquietud, al menos a mi. Sobre todo cuando entregas un proyecto ya terminado pero aún faltan semanas o meses para que el autor quiera darlo a conocer... Diariamente me pregunto si se anunciará una novedad que lleve la misma imagen y eche por tierra mi trabajo y la ilusión del autor. Esto sucedió con la portada de El secreto de Amalia de la autora Pepa Fraile. Justo el día que iba a enseñar la portada a sus lectores después de mucho tiempo de trabajo, se encontró con esto.


Pero incluso aunque no use exactamente la misma imagen, sí que es fácil acabar usando ideas muy parecidas, como los tópicos sobre el sudeste asiático: joyas exóticas, el Taj Mahal, mangos, mujeres descalzas, el Taj Mahal otra vez y creo que sobra espacio para añadir el Taj Mahal al fondo.

En cuanto a lo de las ideas parecidas debo reconocer que tiene razón, aunque a veces es inevitable (y volvemos a lo de siempre) cuando quieres que el lector vea de un vistazo de que trata la novela. Aún así yo me pregunto ¿Somos tan predecibles? Llegué a esta conclusión al ver por casualidad en la red la portada de un libro que no solo tenía la misma imagen que yo había usado en un diseño, sino que la composición y colocación de los elementos "la idea" era exactamente la misma. Me vais a permitir que no ponga el ejemplo dadas las circunstancias. El caso es que el libro en cuestión es ruso... Y que un creativo ruso y yo tengamos la misma visión frente a un mismo elemento me preocupa. ¿Qué habrá condicionado eso?

A veces se trata simplemente de la tipografía y no de la imagen, como en este ejemplo que nos trae el exeditor.


Es decir, "la falta de originalidad no se circunscribe únicamente al uso de imágenes repetidamente. Es más un problema global. De colores, de tipografías, de ideas generales de la cubierta", explica y añade: "Ahora se lleva mucho una cosa que detesto", en referencia a las portadas con tipografía imitando la escritura a mano.


Lo de las tipografías es algo que me trae de cabeza. Es cierto que un cambio en ellas, por pequeño que sea, puede hacer que la composición cambie radicalmente y que la haga mejor o peor, e incluso parecerse mas o menos a otro diseño.
Las modas en ellas también están a la orden del día como es evidente en este artículo y como se puede observar en las novedades editoriales de hoy en día. Cierto es que están de moda las tipografías que imitan la escritura a mano. Yo no es que sea muy fan de ellas pero me encuentro siempre en la misma tesitura cuando muestro un boceto. "Me gusta pero me podrías cambiar la letra" Esa frase me la repiten una y otra vez y no se dan cuenta que un pequeño cambio en un elemento tan importante pude dar al traste el resultado visual del conjunto. Aunque intento explicarlo, no puedo presionarles porque tengo la sensación de estar obligándoles a algo que no quieren y después de todo, ellos son los que pagan y los que deciden aunque no sea lo acertado. Algunos se dejan aconsejar y aceptan de buen grado esas explicaciones pero otros no... Y sí, hemos vuelto a lo mismo que llevo diciendo una y otra vez en este artículo.

Rubio explica que siempre ha habido portadas repetidas, "pero antes pasaba más con cuadros y ahora con imágenes más genéricas. Hay menos tiempo y ganas de dedicarse a estas cosas, y es más fácil tirar por lo más rápido".

También es más fácil modificar ligeramente estas imágenes y evitar que las portadas sean tan clavadas como en el caso de Habitación de hotel y otros cuadros. Por ejemplo, la portada de North of beautiful, de Justina Chen Headley, usaba como base la misma foto que Evemore, de Alyson Noël, cosa que a Headley le pareció estupenda, según explicó en su blog. Más tarde, la misma foto volvió a aparecer en un libro de Selina Penaluna, como vieron en That Artsy Reader Girl.


En cuanto a lo de, lo fácil que es modificar una imagen para que no sea como otra, me niego rotundamente a creer la insinuación implícita en ese comentario, en el que se insinúa o se dice que si nos gusta una imagen la usamos sí o sí. Incluso da a entender que si un libro determinado ha quedado bonito con ella, por qué no usarla nosotros para otro haciendo un pequeño retoque.
Creo que ningún creativo voluntariamente llegaría a esto, para mi estos tres últimos ejemplos son otro caso mas de los citados anteriormente, un error, una falta de investigación, cualquier cosa menos una copia descarada.

Y por último el artículo acaba así.

"Hay falta de ideas y de innovación", resume el exeditor, que lamenta que esto pueda contribuir a que "se pierda calidad artística en el libro". A fin de cuentas, el libro se sigue valorando como objeto, pero esta percepción se puede perder con facilidad si quienes se dedican a fabricarlo no son capaces de dedicarle un poco de tiempo y cariño.

Creo que tiene razón en esto que dice, pero que afecta a un determinado grupo de profesionales. Antes de argumentarlo quiero dejar claro que esto no es una manera de excusarme ni de elogiar mi trabajo, ni mucho menos, ya que de haber sido así no me habría mojado enseñando mis diseños en este artículo.
Como decía, creo que tiene razón pero que esto es culpa o responsabilidad de los grandes grupos editoriales que, a fin de cuentas, son los que guían el camino, los que marcan la tendencia y los que condicionan al lector, al autor y al profesional. Si ellos dicen que hay que seguir las baldosas amarillas, todos nos calzaremos los chapines de rubíes y las seguiremos cual Dorothy.

Desde mi punto de vista y en lo tocante a mi trabajo, de no hacerlo así, tendré que desandar el camino que tanto esfuerzo, tiempo y dinero me habrá costado. Porque yo le pongo cariño, el alma y toda mi creatividad a un diseño que por lo general era descartado a la primera, precisamente por innovador. Tras muchos rechazos acabas por amoldarte a lo que sabes que el autor va a querer. Y sabes que va a querer mas de lo mismo porque es lo que se lleva. Aún así siempre intento dar un toque diferente, hacer ver en mis creaciones lo que a mi como lectora y consumidora de literatura me gustaría ver cuando compro un libro.

3 comentarios:

  1. Hola guapa. Que buen artículo. Nunca mejor explicado y con imágenes. Yo creo que muchas veces no se dan cuenta o si se dan pasan. (He escuchado o leído a más de uno el decirle esa portada es igual a... Y decir que más da) hombre a mi me da. Si a mi me gusta una portada (a mi un libro de un desconocido me entra por los ojos) y luego la sinopsis. Pero si veo una portada que me suena y luego es igual o parecida no cojo el libro. Aunque luego pierda la oportunidad de leer algo bueno.
    Pero eso no lo hago con un escritor conocido. Porque se como escribe. Ahí suelo hablar con el/ella y comentarlo.
    Lo comparto. Me ha gustado.
    Besos.

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    1. Gracias Ester.
      La verdad es que sí, a veces, como sucede con todo, hay gente que no se preocupa o incluso que le da igual todo y no se dan cuenta que están haciendo mucho mal a otros y a ellos mismos (en el caso de los libros porque los lectores no querrán leerlos).
      Pero bueno, seguiremos intentando innovar en la medida de lo posible.

      Un saludo.

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  2. ¡Hola!

    Gracias por el artículo tan detallado. Estaba casi segura de que esas imágenes tan bonitas de las portadas las tomaban expresamente para cada proyecto. Lo de los bancos de imágenes me parece una excelente idea para otra clase de diseño, para algo tan particular como una portada se expone uno a lo que te sucedió en los casos que comentas.

    Saludos desde Perú. 🙂

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